ATENEO DE SALAMANCA
 
 Última actualización de esta página:  11 de febrero de 2017        

     

  

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                         En esta página expondremos las curiosidades y colaboraciones que nuestros visitantes quieran aportar. Es, simplemente eso, una colaboración, no es un blog, ni un chat.

¡ Os esperamos !     

         

         Julio B.Fuentes Bobo nos aporta un trabajo sobre "El mar en la novela"

  Trabajos de Eduardo Gutiérrez Barrio 

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Cervantes y Shakespeare ¿Murieron el mismo día?

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Las Batallas de nuestro "Quijote"

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Sentencias de Sancho en Barataria.

          

 

 

   El mar –o la mar, como por lo general la llaman las gentes familiarizadas profesionalmente con ella- viene siendo desde tiempo inmemorial el medio escogido por un sinnúmero de escritores como escenario de relatos dramáticos. Ahora bien, preciso es distinguir los novelistas poseedores de un profundo conocimiento del mundo marítimo de los que no poseen tal conocimiento, independientemente de la calidad literaria de las obras de unos y otros. Y es que con no poca frecuencia se da el caso de obras de reconocido valor literario pero carentes de autenticidad marinera, y viceversa, es decir, obras más bien mediocres aunque apropiadamente ambientadas. Por el motivo apuntado, existe cierto confusionismo en el uso que algunos medios dan al término novela marítima o novela del mar. Así, por ejemplo, en una enciclopedia del mar se cataloga El escarabajo de oro de Edgar Allan Poe como tal a pesar de la dudosa relación de la novela con el océano.

 

-         La cadena evolutiva del género –

   El verdadero impulsor es Walter Scott (1771-1832) con The Pirate (El pirata), que sirvió a James Fenimore Cooper (1789-1851) de acicate para, al emularle, escribir The Pilot (El piloto), y posteriormente The Red Rover (El corsario rojo) obras, sobre todo la última, con la ambientación que podía esperarse de un marino profesional –Cooper era oficial de la incipiente armada estadounidense-, si bien nunca llegó a superar en calidad literaria al coloso escocés. (En España es más conocido por novelas de aventuras de secano como The Last of the Mohicans –El último mohicano-).

   Aunque Frederick Marryat (1792-1848), marino éste británico, es considerado un novelista de aventuras de segunda fila, su obra posee considerable valor relativo por haber servido de inspiración a Joseph Conrad.

   El caso de Richard Henry Dana (1815-82) es muy distinto por lo insólito. Ni era un escritor de profesión, ni tampoco un marino en el más amplio sentido de la palabra. Sin embargo, existen indicios de que su peculiar diario Two Years Before the Mast (Dos años en cubierta) pudo ser utilizado tanto por Melville como por otros novelistas del mar como fuente de inspiración. Su entrada en el mundo marítimo obedece a razones poco comunes: estudiante de Derecho en Boston (EE.UU.), una afección que contrajo en la vista a los 18 años le obligó a abandonar los estudios. Y la ociosidad resultante, junto con la dependencia de otras personas a la que hubo de someterse, se le hicieron a la larga intolerables, por lo que se enroló en un buque mercante como simple marinero. Cuando dos años después regresó a Boston, la dura vida que había llevado en barcos de vela no sólo no había agravado su delicada salud  sino operado un cambio espectacular, incluída la recuperación total de la vista. Con lo que no sólo pudo reanudar los estudios sino publicar el libro arriba citado –con gran éxito editorial, por cierto-.

   Objetivamente considerado, el simbolismo bíblico que impera en las novelas de Herman Melville (1819-91) resulta a menudo incompatible con el realismo de que pretende dotar a novelas como, por ejemplo, su obra maestra Moby Dick que, por cierto, es considerada por muchos como la novela del mar por antonomasia –injustificadamente, según mi punto de vista-. Según al menos un crítico, adolece de pobreza de ambientación, y hay incluso alusiones despectivas a ella por parte de algún marino –concre- tamente, Joseph Conrad-. Como botón de muestra de los errores de bulto de este marinero ocasional, remito al lector al capítulo CXXIII, donde podrá ver la pretendida inversión de la aguja náutica por efecto de un temporal, inversión –para colmo- persistente horas más tarde. La ignorancia del autor en cuestiones náuticas, agravada por el desinterés según sus biógrafos, le lleva a afirmar algo de todo punto imposible en física.

   Con Les travailleurs de la mer (Los trabajadores del mar), Victor Hugo (18802-1885) caló profundamente en el joven Conrad. Sin ser él un marino, hace gala en esta obra de un conocimiento del vocabulario náutico poco común. Es el objeto principal de su interés el afán humano por domeñar las fuerzas de la naturaleza. En esta obra encontramos por primera vez la coexistencia armónica de la prosa poética –plena de espléndidos tropos y símbolos- con el realismo marítimo.

   Joseph Conrad (1857-1924), marino profesional y vocacional británico de origen polaco, es por aclamación general el maestro indiscutible del género. Agudo observador de su entorno, ha sabido escoger con exquisita sensibilidad los acaecimientos náuticos más apropiados para plasmarlos por escrito, y –lo que es más extraordinario- al hacerlo conjuga hábilmente realismo, romanticismo y simbolismo, enalteciendo por añadidura el original mediante su singular prosa poética. La cualidad más conspicua de este escritor es la originalidad, que se manifiesta en uno u otro aspecto tanto de su vida como de su obra, y se patentiza especialmente en el hecho insólito de haber llegado a figurar entre los clásicos de la literatura de un país cuyo idioma pronunciaba toscamente.

 

-         La novela del mar en España   -

   Aunque en nuestro país carecemos de una tradición marinera equivalente a la de los países anglo- sajones, hay también novelistas del mar, algunos estrellas de primera magnitud en la literatura, como es el caso de Miguel de Cervantes, Vicente Blasco Ibáñez, Miguel Delibes, Benito Pérez Galdós o Pío Baroja. A este último dedico las líneas que siguen por considerarlo digno representante del género.

   Pío Baroja (1872-1956), con su trilogía El mar, de la que la obra más destacada puede ser Las inquietudes de Shanti Andía, aporta calidad. Se ha especulado sobre posibles influencias de Scott, Melville, Marryat y Conrad. En todo caso, se trata de uno de los escritores de todos los tiempos y nacionalidades que mejor interpreta en sus libros el mundo marítimo si se tienen en cuenta su profesión no marítima y el proverbial desgaire.

-         Conclusión –

   Aunque los marinos y los barcos constituyen de siempre un universo que pocos comentaristas conocen a fondo, nunca falta alguno –a veces, incluso plumas de renombre- que se atreve a juzgar alegremente las obras que lo reflejan. Y la impunidad con que desbarran se halla en razón directa del desconocimiento de ese universo existente entre sus lectores. Otro tanto ocurre con los traductores: si encontramos no infrecuentemente traducciones deficientes de temas que no ofrecen dificultad, lo que pone de manifiesto la pobreza de los conocimientos no sólo de la lengua extranjera sino de la propia, imagínese lo que esos profesionales pueden hacer con un tema marítimo.

 

   Para terminar, me permito la transcripción de un párrafo que me parece una muestra destacada de lo más selecto del género aquí analizado. Dice Conrad por boca del narrador en Youth (Juventud) al referirse a su primer embarque: “(...) Había en la popa, bajo el nombre en grandes letras, abundante adorno de volutas con el dorado ya levantado, y debajo de esto una especie de escudo de armas que ostentaba a su vez el lema VENCER O MORIR (Do or die) (...)”

   Y cuando a aquel viejo cascarón, amado entrañablemente por su capitán, le llega el fin, asistimos a una escena descrita con extraordinaria fuerza plástica y simbolismo definido; toda una apoteosis épica:

 

          “(...) Entre las tinieblas de la tierra y el cielo, el barco ardía fieramente sobre un disco de mar purpúrea formado por el reflejo sanguinolento de la infernal danza de las llamas, rutilante y siniestro. Una llama alta, distinta e inmensa, se elevaba del océano escupiendo sin cesar humo negro al cielo desde su cima. La nave ardía furiosamente, lúgubre e imponente como una pira funeraria encendida en la noche, circundada por la mar y contemplada por las estrellas.

               Al viejo buque le había llegado una muerte magnífica como una gracia, como un presente, como una recompensa a su fatigosa existencia. La entrega de su agotado espíritu a la custodia de la mar y de las estrellas era tan emocionante como la vista de un triunfo glorioso. (...)

               (...)Entonces sacamos los remos y, con el bote más largo en cabeza, evolucionamos en fila alrededor de los humeantes restos como en procesión. (...)  La popa, no consumida por el fuego, fue lo último en hundirse; pero la pintura había desaparecido -cuarteada y desconchada-, y ya no se veía ninguna letra, ninguna palabra [es decir, el lema aludido más arriba], nada que pudiera representar tenazmente a su alma para mostrar al sol naciente su credo y su nombre.”

 

 

          

                                             Cervantes y Shakespeare

                 Miguel de Cervantes Saavedra            William Shakespeare

 

  Tanto Miguel de Cervantes como William

   Shakespeare murieron el día 23 de abril

    de 1616, pero, ¿Murieron el mismo día?

              

       Dejemos unos datos

             En primer lugar, Cervantes, murió (según un gran grupo de historiadores) el día 22 y

      o el 23, día en que, sí, fue enterrado.

             El Papa Gregorio XIII modificó el calendario Juliano, que regía entonces, de tal

      forma que el día 5 de octubre de 1582 pasó a ser 15 de octubre (de ese mismo año, claro).

             Este calendario fue aceptado, inmediatamente, en España pero, en Inglaterra y

      Alemania lo fue a partir del año 1700.

                ¿Murió Cervantes 10 días antes ?

 

 

Las batallas y encuentros del Quijote

    Como sabemos, D. Quijote no perdía la oportunidad de meterse en cualquier berenjenal y salir como para tener que beber el “bálsamo de Fierabrás”. Pero no todo fueron apaleamientos y derrotas, de hecho, en alguna ocasión, salió triunfador después de dura pelea.  A continuación resumo los más claros ya que hay fallidos, despistes, etc.

Primera Parte:

-         Arremete contra unos arrieros que llevaban su ganado a beber mientras D.Q. velaba las armas. Abrió la cabeza a uno y luego a otro. Le apedrearon pero siguió hasta que el ventero le armó caballero. Cap. III.

-         Contra un tropel de gente  . D.Q. se cae del caballo y es apaleado. Cap. IV.

-         Contra los molinos. Sale mal parado. Cap. VIII.

-         Contra los frailes de S. Benito. . .  “gente endiablada”. Sancho es apaleado. Cap. VIII.

-         Contra “El Vizcaíno” (Sancho de Azpeitia). D.Q. vence con claridad. Hay suspense respecto a este final. Cap. VIII y IX.

-         Contra los arrieros yangüeses. Son apaleados los dos. Cap. XV.

-         Gran pelea general en la venta. Son apaleados los dos.  Cap. XVI.

-         Manteo de Sancho. Cap. XVII.

-         Contra un rebaño de ovejas. Los pastores le apedrean y le rompen los dientes y muelas. Cap. XVIII.

-         Contra un entierro que iba en procesión de uno que murió en Baeza y vuelve a Segovia. “Vence” y logra herir a unos cuantos, entre ellos al bachiller Alonso López. Cap. XIX. Algunos investigadores opinan que este entierro podría ser el de Fray Luis de León (Luis Ponce de León) que murió en Madrigal de las Altas Torres en 1591 (?)

-         Contra el barbero del “yelmo de Mambrino”. Le hace huir y se queda con la bacía. Cap. XXI.

-         Contra el Comisario y guardianes de la cadena de galeotes. Les vence pero los presos se liberan y le apedrean. Cap. XXII.

-         Contra Gardenio, el Caballero del Bosque (“El Roto de la mala figura”). D.Q recibe una pedrada. Cap. XXIV.

-         Contra los cueros de vino (“gigantes”). Todo inundado de vino. Cap.XXXV.

-         Pelea entre Sancho y el barbero dueño de la bacía que D.Q.  le quitó. Cap. XLIV.

-         Ataca a uno de la Santa Hermandad que le había llamado loco, le agarra por el cuello y casi le ahoga. Le meten en una jaula y lo llevan de vuelta a casa. Cap. XLV.

-         Contra un cabrero y, después, contra una procesión con la Virgen para pedir lluvia. Le muelen a palos. Le vuelven a meter en la jaula de la que le habían sacado. Cap. LII.

Segunda parte:

-         Contra “El Caballero del bosque” o de “Los espejos” (Bachiller Sansón). Un duelo que gana D.Q.  Cap. XIV. (Hay otro “Caballero del bosque” que es Cardenio, enamorado de Luscinda. Cap. XXIV).

-         Contra los leones. Aunque no hay lucha D.Q. se proclama vencedor. Cap. XVII.

-         Contra el “titerero” y sus muñecos. D.Q. enloquece  por la historia, que cuenta un relator, sobre Gaiferos y Melisendra. Destruye todo el retablo (el de Maese Pedro que, en realidad, era Ginés de Pasamonte). Pagan los daños y siguen. Cap. XXVI.

-         Después del “desaguisado” del retablo ven a un tropel de gente (batallón) y surge la “Historia del rebuzno”. Dos pueblos de cerca de Zaragoza, con el lema “No rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde” se enfrentan por una tradición según la cual dos regidores de un pueblo fueron al bosque a buscar un burro perdido, uno por cada lado emitiendo rebuznos, pero siempre pensaban que el burro era el otro y, después de varias intentonas, no consiguieron nada. Al final el burro apareció muerto por los lobos. Los del pueblo de al lado se enteraron y se burlaron organizando una pelea que se rememora todos los años. Sancho, por hacer una gracia, rebuzna y les muelen a palos. Cap. XXVII.

-         Contra los gatos con cencerro “fieras encantadas”. D,Q, acaba con arañazos. Cap. XLVI.

-         Duelo contra Tosilos que había aceptado sustituir a su amo en un compromiso matrimonial y que se había ido a Flandes por no casarse. No llega a celebrarse ya que Tosilos acepta casarse con la hija de Dña. Rodríguez. Cap. LVI.

-         Son apresados por bandoleros catalanes (de Roque Guinart). Les dejan irse además de devolverles todo. Cap. LX.

-         Participan en la persecución y captura de un bergantín, en Barcelona, mandado por la hermosa joven Ama Félix. Cap. LXIII.

-         Contra “el Caballero de la Blanca Luna” (Bachiller Sansón Carrasco), en las playas de Barcelona. D.Q es derrotado y tiene que volver a casa con la promesa de no luchar, al menos, en un año. Ésta sería la última confrontación de D. Quijote. Cap. LXIV.

-         Son atropellados por una piara de cerdos y apresados por los hombres de los Duques. ¡No podía luchar!. Cap. LXVIII.

 

 

Sentencias-Juicios de Sancho Panza

            Para darnos una idea de la sabiduría y buen juicio de Sancho, sobre todo en la segunda parte, voy a plasmar la resolución de los casos que le plantean diversas personas en momentos delicados, algunos de ellos con bastante malicia.

            Recién llegado a “su Ínsula” Barataria ya le plantean casos que tiene que resolver y sentenciar de una forma inmediata. Así en el capítulo XLV de la segunda parte (lógicamente) le presentan sus primeros pleitos:

-         El sastre y las caperuzas: Presentaron, a Sancho, un labrador y un sastre. El sastre cuenta que el labrador le mostró un paño y le preguntó si habría bastante para hacer una capucha, yo le dije que si, el labrador, malpensado, me replicó que si habría para dos, le dije que si y así fue añadiendo caperuzas y yo síes hasta que llegamos a cinco caperuzas y ahora viene a por ellas, yo se las doy y no me quiere pagar la hechura.

¿Es así hermano? Dijo Sancho al labrador.

¡Si señor! Respondió el hombre, pero diga al sastre que muestre las caperuzas.

El sastre mostró las cinco caperuzas puestas en los cinco dedos de una mano. Todos se rieron y Sancho sentenció.

“ . . . el sastre pierda las hechuras y el labrador el paño, y las caperuzas se lleven a los presos de la cárcel . . .”.

-         El báculo y las diez monedas de oro: Inmediatamente a continuación del anterior se muestra el caso siguiente: Se presentan dos hombre ancianos, uno de ellos con un báculo. El que no tenía báculo dijo: A este buen hombre le presté diez escudos de oro, días ha, con la condición que me las devolviese  si yo se los pidiese. Se los he pedido en numerosas ocasiones pero me dice que ya me los ha devuelto, no hay testigos pero si él me jurase que me los dio lo acataré y quedarán perdonados.

¿Y que decís buen viejo del báculo?, dijo Sancho.

Señor, confieso que me los prestó y juraré que se los he devuelto.

      El viejo del báculo, poco ágil, se prepara para jurar dando el bastón al otro anciano para quedar mas libre, puso la mano en la Cruz y juró que de su propia mano había devuelto lo que le habían prestado.

      Aceptado como error u olvido la posible devolución se dieron por conformes y se entregó el báculo al demandado.

      Sancho, pensativo, alzó la cabeza y mandó llamar al viejo del báculo que ya se había ido.

Dadme buen hombre ese báculo – dijo – y se lo entregó al demandante que se asombró, ¿Vale diez escudos de oro esta caña vieja?. Creo que sí – replicó Sancho – y mandando romper la caña salieron los escudos de su interior.

Los viejos se fueron, el uno corrido y el otro pagado.

-         La prostituta:  A continuación del anterior se presenta una mujer asida a un hombre con ropa de ganadero.

¡Justicia!, gritaba ella, este hombre me ha cogido en el campo y se ha aprovechado de mi cuerpo.

      Volviéndose, Sancho, al hombre le preguntó sobre la cuestión.

      Señor – dijo – yo venía de vender unos puercos y me topé con esta mujer con la que acordamos  que yogásemos juntos por una cantidad acordada pero ahora me pide más.

      Sancho le preguntó si tenía mas dinero, él dijo que hasta veinte ducados, mandó que se los entregara a la mujer que se fue muy agradecida. El ganadero queda llorando pero Sancho le insta a que alcance a la mujer y le quite el dinero y que vuelva con él.

      El hombre partió como un rayo y volvieron ambos mas agarrados que al comienzo ya que la mujer no soltaba la bolsa y el hombre no podía quitársela.

      ¿No habéis podido quitarle la bolsa? Preguntó Sancho a los dos.

      ¡Me doy por vencido! - dijo él -  ya que no puedo.

      ¡Menuda es la niña! – dijo ella - ¡Quitarme a mí nada!

      Sancho cogió la bolsa a la mujer y se la dio al hombre.

      Hermana mía – dijo – si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender la bolsa lo hiciereis por defender vuestro cuerpo ni Hércules os forzaría, andad con Dios y no paréis si no queréis ser azotada. Y al hombre, le dice, andad con Dios y vigilad vuestros dineros.

El jugador y el carota : Se plantea en el capítulo XLIX de la 2ª parte, Sancho sigue siendo Gobernador de la ínsula de Barataria.

Dos hombres reñían. Uno había ganado, en el juego, mil reales y el otro, sin oficio ni beneficio, le pedía “si quiera ocho” por haberle ayudado con alguna trampa. El jugador decía que estaba harto ya que le pedía dinero constantemente y que con cuatro ya tenía bastante.

Sancho sentenció:

“El jugador dará cien reales al otro y treinta mas a los pobres de la cárcel. El vago será desterrado, llevándose los cien reales, al menos por diez años.

El puente y la horca: Se lo plantean a Sancho, un forastero, a la hora de los juicios (Cap. LI de la 2ª p.) en la Ínsula.

  Al otro lado de un puente hay un gobernador que cobra al que quiera pasar pero tiene que decir la verdad sobre lo que va a hacer en ese territorio porque si miente será ahorcado. Llega uno que dice que va a ser ahorcado, si no lo ahorcan ha mentido y se debería hacer pero si le ahorcan entonces decía la verdad y no se debería hacer (?).

    Sancho dictamina que “Hay que dejarle porque hay que favorecer al interesado aunque burle la norma”. (Sentencia no muy espectacular pero de gran humanidad).

Carrera entre un gordo y un flaco: En el capítulo LXVI de la segunda parte, Sancho ha dejado la Ínsula y D. Quijote ha perdido su combate con el Caballero de la Luna. Ya vuelven para casa y se lo plantea un labrador.

   Se plantea un carrera entre un hombre que pesa 11 arrobas y otro que pesa solo 5. Para equipararlos la gente opinaba que el flaco debía coger un peso de 6 arrobas para estar en igualdad de condiciones. Sancho dice que es mas saludable que sea el gordo el que pierda las 6 arrobas que le sobran: “ . . . el gordo se escamonde, monde, entresaque, pula y atilde, y saque seis arrobas de sus carnes y se iguale con las cinco de su contrario”

          

 

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Y cada vez más